Seguramente estaría pasando la tarde de aquel lluvioso domingo unos antes del verano, con ella… el imaginarlo sumido en el sexo acariciando las sábanas con sus piernas entrelazadas, era algo que la lastimaba, presentir que quien se adueñaba de sus días no era solo una mujer más…
Adrián había decidido no confesarle que estaba casado, quizás para ver hasta dónde llegaba dejó abierto el juego deseando que ella se desplazara con el veterano volar de las águilas. No era una niña aunque su aspecto fuera juvenil. Desde tempranas horas de la adolescencia su vida había rasguñado un muro tras otro para lograr saltarlo o derribarlo y darle lugar a escribir un nuevo capítulo. Por eso esta vez, al repetir la historia, el saberlo fue prematuro, no así el dolor. Cuando pudo verlo ya era tarde, el estómago se le cerró y una puntada en el pecho anunciaba memorias de la desilusión.
Micole, que justificaba a todos los que amaba a su paso, lejos de condenarlo se convencía de que él no tenía culpa alguna –“Ni siquiera él pudo percibir por qué le escribí aquella vez, además uno se desilusiona cuando idealiza al otro; Por eso ya pasaste, el otro es y si lo amás dejalo ser…" (pensó).
Micole hablaba del amor, como la única forma de vida posible, todo se debe amar para que el mundo se vuelva bonito, para nosotros ser bonitos, por eso ella lo amaba, aunque nunca lo había visto sentía que lo amaba!!!
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