Sentada sobre el cordón, como una demostración habitual de
su comportamiento desprejuiciado y desenfadado, Marietta decide encender un
cigarrillo, por un día en la semana no dejaré de ser fumadora social, pero esta
angustia q me acompaña haciendo notar su presencia justo en la boca de mi
estómago me hace fumar. Mientras esperaba el colectivo, parafraseaba una
canción q escuchaba desde los auriculares del celular, y en la mirada perdida
en el no se qué de la calle , lo pudo ver parado frente a ella esperando para
cruzar. El pelo que perdía los rulos de la suciedad y el maltrato, las manos
rajadas por la mala vida, sus mejillas marrones del sol y casi descascaradas
con olor a humo, el bucito roto gastado, donación de algún rico pensó Marietta,
que se aseguro de gastarlo bien antes de regalarlo. Francamente la mirada del
aquel niño, era lo más dulce visto hacía más de un par de años, deben dolerle
las rodillas la cara la nariz, las orejas hace mucho frío y a él le toca la
mala, igual que a mí pero la de él es peor, mientras los autos pasaban más
viejos, más nuevos , cuatro por cuatro, Toyota Hilux pero nadie paraba para
dejarlo cruzar.
Hacía bajo cero grados, el viento helado lo castigaba duramente, pero aún así rodeados
del confortable calor de sus vehículos , amparados por techo y ventanillas
calefacción, y acompañados de sus niños que acababan de retirar de un colegio
privado de por ahí, aún así parecían perderse en la necesidad de mantener
inflado el ego, no torciendo la cabeza y en vez de frenar acelerar, el chico
mientras, esperaba ; Marietta sentía cómo su sangre empezaba a bullir, dejando
atrás su desenfado se alzó del cordón como un
resorte tomó la mano del niño y puso el pie derecho con firmeza en la
calle, lo siguió el izquierdo y no dio tiempo, decidida siguió caminando con la
mirada fija en el conductor del auto que frenó porque no le quedaba otro
remedio, depositándolo en la vereda de enfrente le dio un beso y le regalo su
chocolatín el que siempre llevaba en el bolsillo junto a su gas pimienta, las
personas que andamos caminando todo el día, y que no tenemos dinero, en lo
posible siempre debemos llevar un chocolatín, a menudo nos ponemos tristes por
el frío por la soledad por el desamparo, y comer chocolate nos mima un poco el
alma, le dio un beso en la mejilla y lo dejo ir mientras miraba como se alejaba
, volvió a cruzar impetuosa, y decidió caminar, aún con el frio prefirió
caminar…..
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