Cuando comenzó
a entrar en él… pudo sentir muchos aromas, olores diferentes, olores ricos,
fuertes, suaves, dulces, secos, florales, sentía el crujir de sus pasos y el
ruido latente mientras se acostumbraban sus ventanas a ver, entre el rojo color
sangre y la oscuridad de la carne
A los pocos segundos vislumbró la primera hoja,
y una y dos y tres y más muchas, muchas más, infinidad, un millón …¿quién sabe?
De distintos
colores violáceas, púrpuras, olivo,
amarillas, marrones, oscuras, claritas, mostaza, celestes, blancas, violetas,
anaranjadas, grises, negras, durazno, rojas, fucsias, moradas, bordo, una
increíble diversidad!, tantos y tantos colores como fragancias diferentes.
Con expresiones distintas,
algunas
parecían querer quedarse allí eternamente,
otras más
osadas deambulaban con el viento de la
respiración,
algunas
estaban amuchadas,
las de más abajo blandas frágiles,
las solitarias estaban tristes,
por aquel rincón tres o cuatro jugaban
inquietas,
las más lúcidas andaban despiertas,
un montoncito dormían alertas,
un par encimadas,
las grandes distantes,
eran cinco o
seis las que andaban mojadas,
dos o tres se asomaban húmedas,
las más calurosas tenían sobre sí… gotas,
las vagas
estaban sucias,
el resto
limpias y arrugadas,
encontró una
estirada y desteñida,
y cinco
flacas tiznadas y pintadas.
Pero una
cosa si le llamó la atención además de la interminable cantidad de hojas
multicolor y el popurrí de fragancias; Marieta no pudo encontrar una sola hoja
verde nueva fresca.Su corazón estaba lleno de hojas secas….
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