viernes, 1 de febrero de 2013

El gran hombrecito


Cuando comenzó a entrar en él… pudo sentir muchos aromas, olores diferentes, olores ricos, fuertes, suaves, dulces, secos, florales, sentía el crujir de sus pasos y el ruido latente mientras se acostumbraban sus ventanas a ver, entre el rojo color sangre y la oscuridad de la carne
 A los pocos segundos vislumbró la primera hoja, y una y dos y tres y más muchas, muchas más, infinidad, un millón …¿quién sabe?
De distintos colores violáceas, púrpuras,  olivo, amarillas, marrones, oscuras, claritas, mostaza, celestes, blancas, violetas, anaranjadas, grises, negras, durazno, rojas, fucsias, moradas, bordo, una increíble diversidad!, tantos y tantos colores como fragancias diferentes.
 Con expresiones distintas,
algunas parecían querer quedarse allí eternamente,
otras más osadas deambulaban con  el viento de la respiración,
algunas estaban amuchadas,
 las de más abajo blandas frágiles,
 las solitarias estaban tristes,
 por aquel rincón tres o cuatro jugaban inquietas,
 las más lúcidas andaban despiertas,
 un montoncito dormían alertas,
un par encimadas,
 las grandes distantes,
eran cinco o seis las que andaban mojadas,
 dos o tres se asomaban húmedas,
 las más calurosas  tenían sobre sí… gotas,
las vagas estaban sucias,
el resto limpias y arrugadas,
encontró una estirada  y desteñida,
 y  cinco flacas tiznadas y pintadas.
Pero una cosa si le llamó la atención además de la interminable cantidad de hojas multicolor y el popurrí de fragancias; Marieta no pudo encontrar una sola hoja verde nueva fresca.Su corazón estaba lleno de hojas secas….

No hay comentarios:

Publicar un comentario