miércoles, 27 de febrero de 2013

El Uru

él en sus ojos añejos cargaba la intimidad del exiliado silencioso en su deber, el corazón doloso callado de honestidad, y millones de lágrimas prisioneras negadas de ser para anular amores, viento, olores, hogar, familia, patria.
Sus memorias picaneadas, ahogadas en submarinos de excremento, y la impune crueldad de quienes solo han venido al mundo a dañar, por su propia incapacidad de reconocer el amor en ellos mismos.
Como el mar salvaje en un tormentoso invierno, palabras gaviotas volaban de su voz entre cortada al sentir el ruidoso crujir de cadenas que chirriaban desde el pasado. Había tuneles, caños, una ciudad subterranea, que los acogía de la muerte, hachaba los miedos a la vez que hacía hombres de bien, de honor, de patria latinoamericana, de Uruguay.

No hay comentarios:

Publicar un comentario