lunes, 7 de septiembre de 2015

JUAN D. "èl"

El  estaba ahí distraído de su presencia sutil, Marietta, acostumbraba a trasladarse de un espacio a otro a través de su corazón, se deslizaba a menudo sin percibir las emociones que la llevaban impulsivamente hasta algún lugar, en esta ocasión “èse lugar”… era  allí frente a èl, por las noches, durante el dìa, en la caída del sol y entre las bocinas del ir y venir de los trenes de carga que le recordaban a su época vivida en Buenos Aires, sin embrago èl seguía ahì sin notarla. Por esos días sucedió un disparador “inconsciente”, cuando vio las llamadas desde su móvil al teléfono de Juan D., un hombre atractivo en todos los aspectos con el que alguna que otra vez había hablado, “alguna que otra vez siempre había sido èl”,  Desde sus labios carnosos mordisqueando sus dedos meñique y anular , la posición del torso, las muecas de su rostro intentando seducir a una pantalla mientras tipeaba borraba y volvìa a tipear, la boca del estòmago diciendo -estoy presente  aquí y ahora participando de este encuentro virtual y la suave humedad en su entrepierna, ella podía entrever claramente  que se extenderìa el encuentro, si alguna vez sucediera, no bastarìa con una noche, un plato de pastas y un buen vino,  todo aquello no sería suficiente.
La distancia se oponía y el fluìr del tiempo dibujò un espacio literario extenso, tanto que hubo en la vida de la atolondrada mujer pareja, convivencia y separación, para volver a encontrarse entre palabras escritas y notar que èl aùn estaba ahí, distraído de su presencia sutil. El espacio entre ellos era cada vez màs largo, lo único que unìa a la Blanca Bahìa con el gran Tigre era el canal que desembocaba en el mar, y el mar que se fundìa en el rìo, la blancura del plata sería?, y el inconsciente de Marietta disparando llamadas telepáticas desde su celular. Mientras su corazón y su mente luchaban cuerpo a cuerpo por el sentir y el entender, toda ella necesitaba escribirle, observarlo, deseando tocarlo y esperar;…se preguntaba -¿no habrá detrás de todo esto algo màs?, se respondìa - no puedo probar que ya està sucediendo ….

Su corazón y su mente estuvieron de acuerdo y en el lateral vacío de su inmensa cama mojo sus sàbanas por el fluìdo blanco que brotò de su instinto màs animal con el acariciar tibio de sus dedos, aquellos que mordisqueaba mientras un par de años atrás chateaba con èl.

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