Habìa silencio por esos dìas en las calles de la ciudad,
entre la bruma y el gris asomaba la primavera con sus retoños frescos de rocìo,
y Marietta en su ondulados pensamientos rozaba con la punta de sus yemas el
paño que abrazaba su espìtiru, no era suficiente acariciar su alma, ella
buscaba entre las hojas secas de su tristeza ese amor que conoció antes de nacer,
humedeciendo sus mejillas en insistentes làgrimas de cristal…
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