martes, 13 de octubre de 2015

Martes 13

Había sido el día más triste de su angustiosa vida, al punto de no comprender la locura colectiva que reflejaba en espejo la suya….el llanto la ahogaba y hasta una consonante le desgarraba el corazón, ya no eran las frases ni las palabras de otros, ni las metáforas, ni el doble sentido, ni la falta de atención o de lugar,  Marietta sabía perfectamente que allí  en el cuerpo de ese ser gigante y pequeño no había sitio para nadie más, ni siquiera alguien con la intención tan pura de acariciar su alma y acunar su espíritu, su mente llena de ruidos lo arrastraba como la corriente de la conversación, y ella si difuminaba en la frustración de querer intentarlo, la distancia enfriaba la temperatura de lo nuevo como el sol cuando se pone en el desierto, machacaban mientras tanto los llamados de Marietta a Jesús para ser rescatada y éste parecía no querer escucharle, mientras ella gritaba en sollozos silenciosos espadas afiladas cortaban su garganta provocando más dolor.
Fue la noche más larga de su día sumida en la onda oscuridad debajo del terrenal de la incertidumbre sin entender el porqué de un miríada de cosas, situaciones, charlas, confesiones, actitudes, reclamos, indirectas, agobio de unos padres que estaban sin estar, de un hermano temeroso y ladrón de antojos caprichosos; de una hija prestada huidiza de la luz que sana y transforma en bien. Nada había quedado después de la guerra, solo llanto y dolor entre los pasillos áridos del abismo, ni el dorado más intenso como el oro, podría iluminar a Marietta y guiarla hasta la salida del pozo más profundo en el que había caído , por ser amor, por intentar sanar forzándose a ser esa “¿la hija que el Padre amaría?”.
Sintió el impacto de los golpes como si sus mejillas fueran azotadas enérgicamente entre fotos y comentarios absurdos, una familia ausente y agobiante, y extrañar lo bello que no ¿está o estaba a medias? Profundamente triste Marietta lloró sin consuelo durante las noches de aquel día y las agujas del reloj que rajaban su piel mientras trascendían y Marietta sofocada por sus lágrimas sin poder explicarse.

-En su espiración dijo en silencio gracias por ser mi maestro y enseñarme aquello que aún debo cambiar

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