viernes, 27 de junio de 2025

Diario de Madriz

Cuando se hicieron las 8 am decidió salir a cambiar dinero, todos en el piso, dormían, el viaje había sido largo, once horas, es mucho para estar en el avión, yéndose a un país desconocido, pero así era ella, ariana, impulsiva, loca, atolondrada, pero espontánea. Era un metro setenta y cinco, de mujer rubia, con el cabello largo, liso, la guapa argentina, le decían, caminando por Madrid, con el olor a frío helado, casi de montaña, donde a los ciervos, les gusta pastar. Pudo verlos desde la ventanilla del tren, a los ciervos, cuando iba al curro, en Las Rozas de Madrid, el Heron se vestía de fiesta, de jueves a domingo, y María Morena,  daba su nota de color, con las bandas en vivo, y la recepcionista, la pitonisa argentina, vestida de tanguera, con piernas largas como vías de tren, recibía a la gente, y luego se paseaba por las mesas echando las cartas, un día lluego de la tormenta, Diego, mientras la veía bailar, despojada, inquieta, rítmica, con su catarata de risa,  dijo a su amigo, aquel que la invitó a  vivir a Madrid, por la quiebra del 2001 en su país,  - ¿me pregunto quién de las dos es?, ¿la loca que enojada conmigo los otros días se me vino encima para pegarme?, o esta que está aca, bailando, pertiéndose de risa, como si nada más existiera?, el amigo, sonriendo socarrón, respondió: - las dos Dieguin, las dos!


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