viernes, 27 de junio de 2025

La reina bruja

Había una vez, una vieja bruja malvada, que vivía en una hermosa isla del Mediterraneo llamada Palmas de Mallorca, y ella reinaba en su castillo, entre cueros, y costura. Un día, el príncipe, de marcados rasgos varoniles,  cabellos rubios, desordenados, y contextura, y altura mediana, decidió pasar un tiempo en su país de origen, la reina del atlántico sur, la República, esa maravillosa Argentina, que tiene encantos naturales, y personas que contagian resiliencia. Allí vivía, quien un día osaría ser "La Princesa". El príncipe preparó su cofre de pertenencias, y marchó rumbo a Argentina.
Noviembre 2005, aeropuerto de Mallorca, Decidido a tomarse unas vacaciones, subió a un avión, y se marchó,
Mientras tanto, la reina, desolada en su castillo, ya no tenía quien la defendiera del rey, que por cierto, era un hombre entregado a su propia soledad, no había hecho las cosas bien, según la reina, y hoy sufría penosamente las humillaciones de sus dos hijos, y de su esposa. Como ya no tenía detrás de quien esconder su victimización, decidió viajar detrás de su hijo, y aprovechar la visita para estar con su hija mujer, que cuenta la historia, que de pequeña, era muy muy poco agraciada, y de rasgos duros, pero muy buena, y dulce, ella, hacía todo, por agraciar a la reina, pero su madre, con amor desordenado por su hijo, no pudo contener la indiferencia hacia los méritos de su hija mayor. Esto invadió a la chiquilla de un sentimiento profundo de frustración, hasta que un día, en un ataque de celos, y furia, comenzó a comer compulsivamente para lograr ser vista por su madre; cuando al tiempo, pasó sin querer, por delante del espejo, descubrió, como si no hubiese sido suficiente su desgracia, que los vestidos tampoco le entraban, y ahí fue la eclosión, comenzó a hacer toda clase de trucos para sacar de su cuerpo, todo lo que imgería cuando se enojaba, sin poder controlarlo, se empezó a enfermar, y poco a poco, empezó a quedarse en los huesos, su madre, quiso ayudarla, pero ella en su ira, y sed de venganza, se volvió, terriblemente mala, la soberbia, y el resentimiento, se apoderaron de ella. La reina madre, un poco más volcada a su hija, por sus llamados de atención, en su  afan por acercarse, decidió revelarlle su gran secreto, "la magia", y de ahí en más, las cosas cambiarían, ya no serían más, madre e hija,  serían las dos: brujas, para obtener más poder, y lograr manejar el reino, y la gente a su anotojo, y para su propio beneficio. Ellas, en su profunda soledad, nunca se habían sentido amadas, pues el desamor operaba de ellas, hacia ellas mismas, y eso es lo más doloroso que un ser humano puede vivir, La verdad, es que tampoco tenían a nadie, en todo el reino, que las guiara, o explicara, que las cosas no tendrían por que siempre ser así, y que el cambio, y el amor propio empieza por uno mismo, Así, es que el principe, sin darse cuenta de lo que tramaban, su madre, y su hermana, seguí centrado en buscar un amor para él, para toda la vida; y fue en Argentina, donde lo encontró. 
Diciembre 2005:  Una noche de verano maravillosa, con esas lunas que suelen iluminar, como un faro la profundidad del mar, detrás de la barra de un inmenso discopub, ella deslumbraba con su sonrisa,  él, al atrevesar la puerta de vidrio, de la cantina más mexicana de la ciudad, "Coyote ugly" , la vió, toda ella brillando imponente, digna de una verdadera la joya del atlántico, Nuur, el amigo de ambos, los presentó, luego de una cálida conversaión, Nuur, se retiró, y ellos quedaron interactuando en la barra,    -no sos mi tipo, le confesó, y ella lanzó una mirada chispeante, y respondió, -es al corazón a quien se conquista, y él ve la belleza en otras cosas. A los días,  una fuerza interior, lo empujó a amarla. pasaron unos meses viviendo juntos en un departamento de temporada, su regreso a la isla era el doce de febrero, pero la energía del flechazo, reprogramó el vuelo, hasta abril, y en menos de un abrir, y cerrar de ojos, ella se sumó a  la isla. Ella trabajó a su par, atendeindo ingleses en un predio acuático, sin saber hablar inglés, jornadas de nueve horas, sin día para librar, al sol, con el intenso calor, ,¿el estres?, ¿el cansancio?, no importaba , la verdad es que el amor todo lo podía. Al cabo de siete meses, él le pdió casamiento; al dar el sí, celebraron la en las terrazas del valle, de aquel amigo.
El sol se escondía en el mar, ella, nostálgica, observaba el horizonte; había celebrado su boda, lejos de su fanilia, y perdida un poco, en esos pensamientos silenciosos que la retrotraían del resto,  pudo darse cuenta que en medio de la fiesta, la reina, que vestía de encaje negro largo, y turbante, después de bailar descabelladamente, se esfumó.  El asombro fue de todos, cuando no la podían encontrar, hasta que la flamante princesa esbozó, -yo sé donde está. Tomó el picaporte del portón de la calle principal, y fue en su búsqueda, a los pocos metros, a la derecha del callejón, estaba la entrada al anitguo cementerio de Calvia, entró decidida, y a la izquierda arrodillada en una tumba, cerca de la puerta, estaba la reina sacando tierra del fondo del sarcófago; ella, la princesa, se acercó sigilosa, y preguntó: ¿qué haces aquí mi reina?, ella con voz quebrada respondió, -he venido a ver a mi madre, que debe estar triste; la princesa asombrada, respondió dulcemente: -hoy es día de celebración, volvamos a la fiesta, que su madre debe estar contenta.
Al cabo de un mes, el príncipe y la princesa, volvieron a su país, pero si bien la princesa estaba feliz, por el reencuentro con su familia, no podía reponerse de aquel asombro.
A los pocos días, después de la llegada, comenzó el deterioro inmediato en su salud. Hacia mediados de diciembre, la reina bruja, viajó también, pero no se mostró feliz de verla, cuando la princesa la fue a buscar a la llegada, la princesa no lograba entender que era lo que estaba sucediendo, pero en medio del furioso verano, las labores, y el estres, su salud decaía rapidamente, comenzaron, los ahogos, las pesadillas, el no poder dormir, no pasar un bocado; claramente a la princesa le estaba pasando algo, y al buscar respuestas en el príncipe, sobre su futuro matrimonial, él respondió: - si sigues sintiéndote así, cuando finalice el verano, me iré con mis padres a la isla, tú quedate aquí, con los tuyos hasta que puedas mejorarte, y trabajar, si vienes conmigo así, me generarás mucho gasto.
La desilusión de la princesa, fue tan dolorosa, que bajaron sus defensas, se sentía desolada, increíblemente defraudada, habían jurado matrimonio apenas dos meses, pero él, el príncipe tomó la decisión y se marchó, la dejó. 
La madre de la princesa, y su papá buscaron ayuda incansablemente, no sabían más que puerta golpear,  hasta que un día, un anciano sabio, los encontró; y les ofreció su ayuda, y la princesa, al cabo de una semana, volvió a sonreír, abandonó el cetro, y volvió a ser una persona común, interactuando con personas humildes, tristes  como ella, que hoy necesitaban ayuda. 
Al tiempo se enteró que el príncipe había encontrado, otra compañera con quien se casó, que le había dado dos mellizos. Nunca se aclaró la historia, porque el príncipe no se divorció de la príncesa, pero se lo veía muy feliz, obviando la historia del abandono a su esposa en su peor momento, y gracias a su madre, la reina, que partió de este mundo, poco tiempo después. 
Pero la príncesa, de sangre Lilith, y estirpe noble, nunca le reclamó nada, decidió no creer más en cuentos de hadas, con príncipes que rescatan, se levantó de entre las cenizas, desembainó la espada de su energía azul, y encaró el frente de batalla, como una guerrera estratégica que utiliza su propia debilidad, para renacer, y  despertar a otros, mostrándoles  su  propio poder, su espada, y batiendo sus alas; porque nadie nos rescatará de nuestro lecho, si nuestro amor por nosotras, no nos lleva a hacerlo, renunciar a  palacio, a la isla, al reinado terrenal, costó, el dolor la desangraba, pero en un momento, cesó, y ella se levantó, airosa, con paz en la consciencia , y haciendo lo había venido  a hacer,. ser despierta entre los dormidos, que sigilosamente, abre las ventanas al sol para despertar a otros, que quieran reinar en su propia vida. Esa es la única corona, que condecora nuestro paso por esta tierra.


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