Juró verla ahí, apoyada en la pileta, restregando la tabla de madera, gastada de tanto fregar las sábanas más blancas del mundo, el perfume a jabón de pan blanco, y el agua caliente, parecía persistir después de treinta y dos años.
En ese momento, solo se le ocurrió pensar, en que falta le hacía su hermana, la testigo permanente de otrora, la soledad, parecía profundizar un matiz oscuro de la escena, decididamente había que poner color, color de tiempo, color de amor, color de luz, para enmarcar el amanecer, y su belleza, en la piecita del fondo. -¡Ay papi!, ¡si aún me parece verte ahí, en la fosa, trabajando con el tío Pocho!.
La casa, el destino de todas las emociones juntas, la mesada bajita de mármol blanco, que hoy posaba un poco más arriba de sus rodillas, los domingos de lasgnas caseras, y el olor a tuco de la abuela, que llegaba a la vereda impregnando la pared a su paso, el patio, su abuelo Cito, su hermana a upa, y su primo a los pies, y el limonero. Parecen escucharse las voces discutiendo de política, las lágrimas recorren sus mejillas.
Eran tiempos de reconciliación, con la historia, esa historia que nunca dejó de doler, pero ahora, parecía venirsele encima, había pasado tan rápido todo, ya hoy de vuelta, con cincuenta y tantos, y papá, y mamá, que no están, o están lejos , ¡cuánta falta le hacía su hermana, y la hamaca, y el almendro junto al gallinero!
Su hermana, no iba tanto como ella, pero ahí estaban, juntas, siempre, su hermano menor, no había nacido, y la estampa era ella, y su hermana detrás, cuidándola, como un mástil que se erguía gigante, y ella a pesar de su corta edad, sabía que si ella estaba ahí, nada le iba a pasar. ¿Será por eso, que al entrar, sintió tanto desamparo?. ¡no! el desamparo era, por los tiempos que ya no vuelven más, y un cúmulo de recuerdos se traslucen a través de cada pared, cada mosaico, detrás de cada puerta. Volvió, pero volvió sola, a levantar lo nuevo sobre escombros derrumbados. ¡ Y cuánta falta le hacía su hermana!
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