Cerré mis ojos y te busqué en tu casa en mi unicornio blanco, te invité a subir y te llevé hasta la orilla del mar. Cuando llegamos no te peredí que veas, sino que creas, cuando abriste tus ojos te viste en medio del mar levitando sobre el ruido suave de las aguas, nos rodeaba una noche inmensa, iluminada por infinidad de estrellas y una luna que parecía sonreírnos. En ese instante nos hablamos sin hablar, y pudimos comprendernos, eso quise desde aquella vez que te vi y se que hoy fue maravilloso.
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